Tu memoria es un recuerdo preciosamente doloroso. El conocerte me hizo sufrir intensamente y sentir un gozo que creí olvidado. Pero ahora todo se ha vuelto borroso y opaco. Los rincones de mi corazón son habitados por sombras que se disuelven y se convierten en polvo una vez busco tocarlas. Estoy perdida y tengo miedo. Sé que ese miedo te aleja de mí. Que busco en vano los brazos pasajeros de otros para no pensar en los tuyos. Que dejo que otros me lastimen porque creo que no merezco ser amada. Que busco olvidarte, aceptar que mis esperanzas son ingenuas. Entonces me abandono y busco perderme en ese caos y pánico, en donde siento perderme de nuevo. Y mientras más pierdo, más grande es el silencio y la distancia.

Todo parece deformarse poco a poco, tu rostro se desfigura en ese trance y me olvido de tus ojos bajo a una luna tan distante, tan cercana. Tengo miedo de caer y no en tus brazos. Pero el eco de tu voz me da vida, le da cuerda a mi corazón cuando siento mi cuerpo morir lentamente en la penumbra del olvido. Llena mis pulmones de la energía para continuar, para respirar en este mar de soledad, en donde mis gritos son ahogados por corrientes invisibles, arbitrarias.

Trato de cerrar mis ojos y soñarte, crear una imagen mental de ti para entrelazarte entre mis dedos y regalarte lo poco que me queda. Quiero guardar para siempre ese pedazo de tu alma junto a la mía, que se pudre y cae cada día más. Quiero no soltarte, tengo miedo de esta soledad, de este infierno que ruge en mi interior. Sácame de aquí, me muero y nadie se da cuenta. Llévame en tus brazos, haz lo que quieras conmigo. Líbrame de estas cadenas que me atan a la muerte, que me hacen querer desaparecer para siempre. Tómame, no me dejes caer, regálame el aire para amarte y no soltarte de tus brazos. Déjame retornar a esa normalidad, en donde puedo amarte sin problemas, en donde puedo entregarte mi corazón y envolverlo en tu pecho. Dame la oportunidad de verte a los ojos de nuevo, sin estas terribles ataduras que me separan para siempre de ti. Permíteme permanecer a tu lado sin sentirme tan rota y quererte como lo deseo.

Pero estos hierros que me atan a un destino atroz no me dejan. No poseo esa habilidad, esa naturalidad para sostenerte en mis brazos sin caer, sin caer lejos de ti, donde no puedas encontrarme y en donde esta soledad me asfixie. Hace tiempo que la perdí y yo solo quiero retornar. Retornar al tiempo en donde podría haberte hecho tan feliz. Me duele no tener nada que darte, más que mis lágrimas secas y mi dolor. No puedo amarte como debo, carezco de la energía para hacerte feliz. Mas no puedo dejarte ir, te quiero más que a mí misma y no sé cómo dejar de hacerlo. No sé cómo despedirme, quiero dártelo todo, pero no tengo nada. Estas cadenas no se irán jamás y nadie puede hacer nada para quitarlas. ¿Qué puedo hacer para retornar? ¿Para retornar a tus brazos sin caer en este terrible vacío?

Imagen tomada de: https://www.wattpad.com/user/Izharix

Autora

Sabrina Cabrera

Mi nombre es Sabrina Cabrera. Desde pequeña he vivido ensimismada en los textos de algún libro, absorta en el estudio de sus distintas peculiaridades. Para mí, estos han sido como una especie vestíbulo anómalo donde puedo escuchar la voz entrecortada de personajes, donde el paisaje obtiene cualidades mágicas y cada sensación resulta insólita, donde mis recuerdos se entrelazan de manera bizarra con múltiples historias, panoramas, personajes… Deseo entregarles las llaves de este vestíbulo que en ocasiones parece oculto y monótono, pero que ─una vez descubierto─ resulta repleto de fragmentos ilustres y eternos.

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