Sostengo un vaso de agua.
Es pequeño.
Transparente.
Casi inofensivo.

Cabe en una mano
como si no pudiera hacer daño.

Al principio no pesa.
El vidrio es frío,
el agua quieta.
Todo parece estar bajo control.

Pero el tiempo no es ligero.

El vaso no se mueve,
no cambia de forma,
no se queja.
Soy yo quien empieza a temblar.

El agua sigue igual,
pero mi brazo aprende el cansancio.
No por el peso,
sino por la insistencia.

Hay cosas que no duelen al llegar.
Se acomodan en nosotros
como si fueran parte del cuerpo.
Como si sostenerlas
fuera natural.

Las preocupaciones se parecen a este vaso:
no gritan,
no caen,
no se rompen.
Solo se quedan.

Y quedarse demasiado
también es una forma de daño.

No es el vaso lo que paraliza.
Es olvidar
que la mano puede abrirse.

Tal vez soltar
no sea rendirse,
sino recordar
que no todo fue hecho
para cargarse siempre.

¿En qué momento una carga empieza a ser demasiado?

La imagen de la portada es fue generada por AI a través de ChatGPT.

Autora:

Nicole Wellmann

¿Quién soy? Es una pregunta que siempre me ha interesado. Pienso que hay muchas formas de describir quién soy, pero a través de las letras, los libros y las historias descubro la mía.

Escribo porque, en ocasiones, pensar en silencio no es suficiente. Escribo para comprender lo que siento, para poner en orden pensamientos que aparecen revueltos y para formularme preguntas, aun cuando no tenga respuestas definidas. Me interesa lo cotidiano, lo que resulta incómodo, lo que está en evolución y lo que aún está en proceso. No escribo desde la certeza, sino desde la búsqueda; y este espacio es un medio para dejar constancia de ese recorrido. Soy de esas personas que conectan con las letras, que a través de los libros expresan y sienten, y que a veces piensan que ser sensible es demasiado para un mundo insensible. Soy Nicole Wellmann.