Hay una fotografía tuya
que poco a poco pierde su color.

La miro todos los días
como si observarla suficiente
pudiera impedir
que te siguieras yendo.

Al principio no lo noté.
Pensé que siempre ibas a quedarte igual ahí,
sonriendo,
intacta,
como si el tiempo no pudiera tocarte.

Pero los bordes comenzaron a desgastarse.
La luz en tu rostro ya no brilla igual.
Y ahora paso mis dedos sobre la fotografía
con miedo de que un día
ya no quede nada de ti.

Eso es lo que más me duele.

No haber visto cómo te ibas.
No el silencio que dejaste en la casa.
Ni siquiera el vacío.

Me duele sentir
que el tiempo también quiere quitarme tus recuerdos.

Tengo miedo de olvidar tu voz.
De no recordar exactamente cómo sonaba tu risa.
De cerrar los ojos
e intentar volver a encontrarte
solo para descubrir
que mi memoria ya no sabe cómo hacerlo.

A veces sostengo la fotografía contra mi pecho
como si todavía pudiera alcanzarte desde ahí.
Como si el amor fuera suficiente
para traer de vuelta a alguien.

Pero el papel envejece.
La tinta desaparece lentamente.
Y yo no sé cómo detenerlo.

No sé cómo aceptar
que incluso los recuerdos
también pueden desvanecerse.

Quisiera volver a ese instante de la fotografía.
Quedarme ahí para siempre.
En el momento exacto
donde todavía estabas conmigo
y yo aún no entendía
que perder a alguien
es seguir buscándolo
en lugares donde ya no puede volver a estar.

Porque perderte una vez
ya rompió algo dentro de mí.

Pero sentir que también estoy perdiendo
la forma de recordarte
se siente como despedirme de ti
una segunda vez.

Y creo que ninguna persona
debería tener que sobrevivir
a la misma pérdida dos veces.

¿Cómo se guarda a alguien para siempre cuando hasta las fotografías comienzan a desaparecer?

La imagen de la portada es fue generada por AI a través de ChatGPT.

Autora:

Nicole Wellmann

¿Quién soy? Es una pregunta que siempre me ha interesado. Pienso que hay muchas formas de describir quién soy, pero a través de las letras, los libros y las historias descubro la mía.

Escribo porque, en ocasiones, pensar en silencio no es suficiente. Escribo para comprender lo que siento, para poner en orden pensamientos que aparecen revueltos y para formularme preguntas, aun cuando no tenga respuestas definidas. Me interesa lo cotidiano, lo que resulta incómodo, lo que está en evolución y lo que aún está en proceso. No escribo desde la certeza, sino desde la búsqueda; y este espacio es un medio para dejar constancia de ese recorrido. Soy de esas personas que conectan con las letras, que a través de los libros expresan y sienten, y que a veces piensan que ser sensible es demasiado para un mundo insensible. Soy Nicole Wellmann.